Despertar con una leve pesadez en las sienes, sentir el cuello completamente rígido al finalizar la jornada laboral o experimentar pinchazos cerca de los oídos son molestias cotidianas que habitualmente se atribuyen al cansancio, la falta de sueño o las malas posturas frente al computador.
Sin embargo, en muchos casos, el verdadero origen del dolor no se encuentra en la cabeza ni en la espalda, sino en la mandíbula y en la tensión acumulada en los músculos de la masticación.
Esta manifestación física cobra especial relevancia al mirar el panorama de la salud emocional en el país. Según la última edición del Termómetro de la Salud Mental Achs-UC (octubre de 2026), el 18,5% de los adultos en zonas urbanas presenta sospecha o presencia de problemas de salud mental, registrando un alza significativa respecto al 12,7% reportado en 2025. A esto se suma que un 17,9% manifestó síntomas moderados o severos de ansiedad.
Aunque estas cifras no miden directamente el bruxismo, aportan un marco a la estrecha relación entre la mente y el cuerpo que la ciencia ha respaldado. Una revisión publicada en 2025 en el Journal of Dentistry confirmó asociaciones consistentes entre el estrés, la ansiedad, el apretamiento dental y los trastornos temporomandibulares (TTM), si bien los investigadores enfatizan que la forma exacta en que interactúan estos factores continúa en estudio.
Cuando el dolor se irradia a otras zonas del cuerpo
La articulación temporomandibular (ATM) conecta la mandíbula con el cráneo y trabaja de la mano con un complejo sistema muscular encargado de funciones vitales como hablar, masticar o bostezar. Cuando surgen alteraciones en este mecanismo, las molestias no siempre se quedan en la boca.
En Chile, una investigación publicada en 2023 analizó los registros de 3.557 pacientes atendidos en una clínica de Santiago por trastornos temporomandibulares entre 1998 y 2019. Los resultados del grupo diagnosticado fueron elocuentes:
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65,25% reportó rigidez o dolor en el cuello
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61,01% presentó cefaleas (dolores de cabeza)
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32,64% registró dolor de oído
El bruxismo puede manifestarse de noche mediante movimientos involuntarios y repetitivos al dormir, o durante la vigilia, cuando las personas mantienen los dientes fuertemente apretados mientras se concentran o atraviesan momentos de tensión emocional. Pese a ello, los expertos aclaran que bruxismo y trastorno temporomandibular no son sinónimos: apretar los dientes no siempre desencadena dolor articular o muscular.
Hábitos a evitar y claves para aliviar la tensión
Pequeñas acciones cotidianas pueden sobrecargar una mandíbula ya sensible: masticar chicle de forma constante, morderse las uñas, apoyar el mentón sobre la mano durante reuniones o mantener los dientes en contacto continuo a lo largo del día son conductas a corregir.
Para aliviar la fatiga muscular, el kinesiólogo de Clínica CRL, Felipe Carrasco, enfatiza la importancia de reaprender la postura de descanso del rostro:
"Primeramente, debemos concientizar la posición de reposo de la lengua, dejando la punta adosada al paladar. A esto se suman ejercicios de movilidad controlada en apertura y movimientos laterales, siempre manteniendo la lengua en su posición", explica Carrasco.
El profesional también sugiere complementar el manejo en casos adecuados mediante el automasaje en los músculos maseteros (a los costados del rostro) y la aplicación de calor húmedo por 15 minutos.
Tratamientos conservadores y cuándo consultar
Respecto al abordaje médico, una guía clínica internacional publicada en The BMJ (2023) destaca que en casos de dolor crónico, las intervenciones de primera línea deben ser conservadoras. Esto incluye kinesioterapia con ejercicios mandibulares supervisados, terapia manual, reeducación postural y herramientas conductuales. Si bien las placas o ungeres dentales protegen los dientes del desgaste mecánico, los especialistas advierten que no siempre eliminan el dolor ni corrigen sus causas de fondo.
Si las molestias son recurrentes, se intensifican al comer, limitan la apertura de la boca o se acompañan de dolores de cabeza frecuentes, la recomendación es realizar una evaluación profesional. El objetivo no es adjudicar todo malestar al bruxismo, sino comprender que la mandíbula puede ser una pieza clave en el mapa del dolor corporal.