Morderse o comerse las uñas es un hábito compulsivo llamado onicofagia que puede convertirse en una verdadera pesadilla para quienes lo sufren.
Esta conducta muchas veces no tiene control, porque los niños y adultos que lo realizan no se dan cuenta o no pueden evitarlo y, cuando se trata de no hacerlo, es una lucha constante.
La onicofagia puede causar un daño significativo para quienes la sufren, ya que primero empieza como una conducta sin dar importancia, pero después puede convertirse en autolesiones.
La psicóloga Javiera Aguirre explicó que "este hábito automatizado, como aprendido, se activa especialmente en situaciones de estrés, aburrimiento o incluso de alta concentración. Me autorregulo a través de moverme los dedos, sin embargo, cuando la conducta es persistente y la persona no tiene control de aquello, genera daño físico, ya sea que se rompa la malla de comerse las uñas, se hacen daño, y que interfiere con el funcionamiento cotidiano, es donde comienza a ser ya un problema".
Y cuando ya es frecuente, comienza un trastorno que debería ser consultado con un especialista porque podría indicar graves señales psicológicas.
"Muchas veces se vincula a contextos de inseguridad, cambios sobre exigencia y esto, si no se trabaja desde la primera infancia o cuando se presenta el síntoma, se puede extender hacia la adolescencia, inclusive hacia el adulto", agregó el especialista.
¿Pero cómo solucionarlo? Lo ideal no es basarse en la conducta de comerse las uñas, sino en lo que está provocando el hábito.
Las señales psicológicas detrás de comerse las uñas
Las principales señales psicológicas que generan el hábito de comerse o morderse las uñas recaen en las siguientes:
- Ansiedad
- Estrés
- Mecanismo de protección e inseguridad
- Imitación
Las consecuencias de comerse las uñas
Las consecuencias son graves porque no solo afecta en lo psicológico, sino que también en lo físico si es reiterado.
Física: Sangrado en los dedos, pérdida de uña, bacterias y hongos.
Dental: Daño en los dientes como grietas, desgaste y problemas en la mandíbula.
Daños mayores: Problemas digestivos al comerse las uñas o infecciones.