Las comunas precordilleranas de San Fernando y Machalí encabezan la lista de los sectores más vulnerables ante la eventual ocurrencia de aluviones y remociones en masa en la Región de O’Higgins. Sin embargo, el riesgo se extiende a otras localidades como Codegua, Malloa, Coinco y Coltauco, zonas que ya registran antecedentes de desplazamientos de tierra con pérdidas materiales para sus habitantes.
Así lo advirtieron especialistas de la Universidad de O'Higgins (UOH), quienes explicaron que eventos hidrometeorológicos como el ocurrido recientemente en la Región Metropolitana —caracterizado por precipitaciones intensas en corto tiempo y caída de granizo en la precordillera— podrían replicarse en los sectores cordilleranos de la zona centro-sur si se presentan condiciones equivalentes.
El peligro en estas comunas no depende de manera exclusiva del volumen de lluvia acumulada. Según detalló Jorge Romero, académico del Instituto de Ciencias de la Ingeniería de la UOH, influye una combinación de variables críticas: terrenos con altas pendientes, suelos degradados por incendios forestales recientes que destruyeron la vegetación protectora y el fenómeno de la isoterma cero alta, que provoca lluvias sobre la nieve acumulada e incrementa los flujos de detritos con arrastre de sedimentos y escombros.
A los factores naturales se suma la intervención humana. El crecimiento urbano sin planificación hacia las laderas precordilleranas, la falta de obras de mitigación y los sistemas insuficientes de drenaje aumentan considerablemente la exposición de la población.
“Zonas con alta pendiente, con poca vegetación, con alta urbanización en la actualidad y poco control del drenaje del agua, son absolutamente susceptibles a este tipo de eventos catastróficos”, enfatizó el investigador.
En la misma línea, Raúl Valenzuela, académico de la UOH, vinculó la intensidad de estas lluvias convectivas con el contexto del cambio climático y eventos de El Niño de gran magnitud. El especialista cuestionó la debilidad estructural del país en materia de prevención: “La preparación para eventos hidrometeorológicos extremos sigue débil, con inversión modesta, respuestas reactivas y sin un plan de largo plazo. Chile debe construir una red de monitoreo continuo y avanzado”.
Asimismo, Romero alertó sobre fallas de respuesta inmediata, como la falta de alertas SAE durante emergencias previas en la capital, cuadro que se complica ante reducciones presupuestarias institucionales —entre ellas un recorte de 918 millones de pesos a Senapred— y capacidades limitadas en Sernageomin para fiscalizar y monitorear variables críticas.
Por su parte, el académico del Instituto de Ciencias Sociales de la UOH, Ricardo Fuentealba, enfatizó que la amenaza abarca tanto a asentamientos formales como informales. Al comparar los hechos con el histórico aluvión de la quebrada de Macul en 1993, destacó que estos fenómenos pueden impactar a diversos estratos socioeconómicos, por lo que la planificación territorial en la precordillera de O'Higgins debe considerar múltiples amenazas concatenadas.
Ante este panorama, el llamado preventivo de las autoridades académicas apunta a las comunidades que habitan cerca de quebradas, esteros y cauces de ríos. En caso de tormentas intensas, granizo o alta actividad eléctrica, recomiendan mantenerse atentos a las señales del entorno, evitar las zonas bajas por donde transitan las remociones en masa y acatar oportunamente las instrucciones de los organismos de emergencia.