La pérdida diaria de cabello es un proceso biológico de lo más normal. Sin embargo, la caída del pelo se considera clínicamente como alopecia cuando una persona pierde de forma continua más de 150 pelos al día.
El límite normal se sitúa entre las 100 y 150 hebras diarias. Superar esta cifra de manera sostenida enciende las alarmas médicas y apunta al desarrollo de una patología capilar.
Las causas médicas y nutricionales detrás de la pérdida capilar
El estrés se posiciona como uno de los detonantes más comunes para una pérdida acelerada de cabello. No obstante, existen diversas condiciones orgánicas, genéticas y nutricionales que alteran directamente el ciclo de vida del folículo.
Los factores que influyen en la aparición de esta condición son:
- Disfunciones orgánicas: patologías como el hipotiroidismo, las fallas hepáticas y los problemas renales.
- Enfermedades del organismo: el desarrollo de afecciones de origen autoinmune.
- Déficits de nutrientes: la falta de zinc, hierro y vitamina D en la alimentación diaria.
- Componente genético: la presencia de cerca de 200 genes influyentes en hombres y aproximadamente 600 genes en mujeres.
Diferencias entre los tipos de alopecia
La medicina divide la alopecia en dos grandes categorías según el comportamiento del folículo. Se clasifican principalmente en alopecias cicatrizales y no cicatrizales, sumado a los trastornos específicos del tallo capilar.
En las variantes no cicatrizales, como la alopecia androgenética y la areata, el folículo no se destruye, sino que sufre una alteración en su tamaño o ciclo. En los hombres genera un adelgazamiento del cabello que hace desaparecer el folículo en las entradas y la coronilla, mientras que en las mujeres amplía la partidura del peinado.
Por el contrario, la alopecia cicatrizal activa las defensas del cuerpo para atacar y destruir el folículo, manifestándose muchas veces con la caída inicial de las cejas. En tanto, los trastornos del tallo corresponden al quiebre de la fibra por causas externas o patologías congénitas.
Las técnicas quirúrgicas de implante capilar
"Los pacientes recurren cada vez más jóvenes a las cirugías debido a los avances tecnológicos que eliminaron el aspecto artificial o de pelo de muñeca", detalla la Dra. Michelle Mauret, jefa del Área Capilar de Clínica Terré en conversación con "El Especialista Responde". Actualmente los especialistas utilizan dos procedimientos quirúrgicos para recuperar el cabello perdido.
Las técnicas de implante disponibles son:
Técnica FUSS (Follicular Unit Strip Surgery): se extrae un trozo de piel de la zona occipital de la cabeza y se implantan los folículos uno a uno, dejando una cicatriz lineal en la zona posterior.
Técnica FUE (Folicular Unit Extraction): se realiza habitualmente con el paciente rapado y se extraen las unidades foliculares de forma individual con una especie de aguja hueca.
Plazos y cuidados tras la cirugía
El éxito definitivo de un implante capilar requiere un estricto protocolo postoperatorio por parte del paciente. El cuidado diario impacta directamente en la evolución del injerto, ya que el cabello funciona y reacciona igual que cualquier otro órgano del cuerpo.
Los tres primeros días posteriores a la intervención requieren reposo, movimientos lentos y una posición especial para dormir. Las actividades deportivas se pueden retomar recién a los 10 días, mientras que la protección total contra la radiación del sol debe extenderse por dos meses.
El crecimiento del nuevo cabello es un proceso lento y progresivo. Las hebras implantadas se caen inicialmente de forma normal, los primeros brotes visibles aparecen a los cuatro meses y el resultado final definitivo se consolida entre los 12 y 18 meses posteriores a la operación.