Para muchos chilenos, el Calugón Pelayo es mucho más que un dulce: es un recuerdo de infancia, de viajes en micro, de quioscos de barrio y de esas pequeñas golosinas que acompañaron a generaciones. Y ahora su creador relató cómo inició la travesía con una historia llena de esperanza y se volvió viral.
Su característico sabor y color lo convirtieron en un clásico que sobrevivió al paso de los años, detrás del cual existe una historia de esfuerzo, sueños y perseverancia que su creador, Pelayo Monroy, recuerda hoy a sus 84 años.
El creador de estas icónicas calugas nació en Nirivilo, Región del Maule; tras los años, su futuro pareciera haber estado ligado desde siempre al emprendimiento al llegar a Santiago buscando un nuevo rumbo.
Todo inició en 1967, pero fue por los años 80 que nació la idea de cambiar las calugas pequeñas y apostar por unas grandes.
“Desde chico era apasionado por los dulces y cuando tuve la oportunidad de vender, vendí chocolates”, detalló a través de un emotivo video en redes sociales de la cuenta @emprendedor.chile.
“Todas las personas, todos los clientes me pedían calugas, entonces un día me encontré con un señor que sabía hacer las calugas (...) Antes de 1986 vendía las calugas chicas, que era la caluga cuadrada (...) Mi señora, que fue a Europa, me trajo un calugón con unas estrellitas, me trajo la caluga de la suerte y esa caluga la convertí en calugón”, declaró.
Y ahí comenzó su largo y apasionado camino con el Calugón Pelayo: "Nos empezaron a comprar distribuidoras de confites y la tomaron los vendedores ambulantes que la vendían en la micro en ese tiempo, en la calle, en una esquina y que actualmente se vende".
La crisis que cambió para siempre la historia del Calugón Pelayo
Pero no todo fue color de rosa, ya que su negocio pasó una profunda crisis que afectaría para siempre la marca. El emprendedor debió vender la tradicional marca; posterior a eso ocurrió la quiebra y liquidación de activos.
“Fue muy duro eso, porque la verdad de las cosas, uno piensa: ¿qué hago? Bueno, la única solución es hacer lo mismo, lo que he aprendido a hacer en toda mi vida", señaló en el video.
Aunque todo parecía oscuro y sin esperanza, Pelayo Monroy levantó su cabeza y volvió a emprender en lo que ya había realizado toda su vida.
“Es más fácil emprender porque ya conozco a los proveedores, a los clientes. Así que partí yo de nuevo, cliente por cliente, y reemprendimos de nuevo el año 2019”, aseguró.
Así nació una nueva marca chilena, Calugón Monroy, que mantiene el tradicional sabor y dulzura que acompañaron a generaciones. Sin embargo, detrás de cada caluga hay algo más que una receta: está la historia de un hombre que, pese a las adversidades, decidió volver a empezar y transformar las dificultades en una nueva oportunidad.
Porque para Pelayo Monroy, este dulce no solo guarda el sabor de los recuerdos, sino también una enseñanza que permanece intacta: a veces, volver a empezar es la forma más dulce de salir adelante.