Una falsa oferta laboral publicada en Facebook era el punto de partida de un elaborado método de engaño que durante años utilizó José Humberto Pérez Fuentealba, conocido como el “psicópata de Facebook”, para captar a mujeres de distintas partes del país. Bajo identidades femeninas como Camila Arias, María José, Cote Rodríguez o María, ofrecía supuestos trabajos relacionados con una tesis universitaria de masoterapia, por los que prometía pagar $100 mil a cambio de fotografías. El sujeto comenzó a desarrollar este mecanismo en 2018 y llegó a contactar a más de 200 mujeres.
El modus operandi comenzaba con avisos difundidos en grupos de búsqueda de empleo, dirigidos a mujeres mayores de 16 años. Tras el primer contacto, Fuentealba derivaba a las interesadas a otros números telefónicos, también controlados por él, para reforzar la apariencia de que detrás de la propuesta había distintas mujeres. Luego solicitaba datos personales y un conjunto de fotografías del cuerpo, asegurando que serían utilizadas para una tesis y que nadie más tendría acceso a ellas. Con esa estrategia buscaba generar confianza antes de avanzar hacia una etapa de mayor control sobre sus víctimas.
Una vez que obtenía las imágenes, el tono de las conversaciones cambiaba. El sujeto comenzaba a exigir fotografías cada vez más íntimas y, posteriormente, utilizaba las imágenes y los datos personales recopilados para amenazar con publicarlos entre familiares, amigos y contactos de las víctimas si ellas se negaban a continuar. Bajo esa presión, las obligaba a realizar videollamadas y a cumplir instrucciones de carácter sexual, utilizando amenazas y una cuenta regresiva para aumentar el nivel de intimidación. Según los antecedentes expuestos en el caso, esta dinámica permitió que los delitos se extendieran durante años y afectaran a mujeres de distintas edades y lugares del país.
La Fiscalía logró agrupar numerosas denuncias durante 2023, lo que permitió a la Policía de Investigaciones detenerlo en su domicilio de Talagante. Sin embargo, su actividad delictiva no terminó con su ingreso a prisión preventiva. Desde Santiago I consiguió acceder a un teléfono y recuperó números de sus víctimas almacenados en una nube, con los que volvió a intentar extorsionarlas. Posteriormente, durante otro procedimiento realizado en el recinto penitenciario, Gendarmería encontró nuevamente un teléfono en su poder, evidenciando que continuaba intentando mantener contacto con mujeres pese a encontrarse privado de libertad.
Finalmente, Fuentealba fue declarado culpable de 66 delitos que afectaron a 47 víctimas, según los antecedentes del caso. Entre los ilícitos acreditados se encuentran abusos sexuales contra menores y mayores de 14 años, amenazas, explotación y producción de material sexual infantil. La Fiscalía consiguió una condena a presidio perpetuo calificado, pena que implica que deberá permanecer 40 años privado de libertad antes de poder optar a algún beneficio, de acuerdo con lo expuesto en el juicio.
Durante el proceso judicial, además, las víctimas debieron enfrentarse nuevamente al hombre que las había sometido mediante engaños, amenazas y extorsiones. Los antecedentes del juicio apuntaron a que no manifestó arrepentimiento y que incluso mantuvo una conducta disruptiva durante algunas de las diligencias. El caso dejó al descubierto cómo una falsa oferta de trabajo y la utilización de identidades ficticias en redes sociales fueron utilizadas para construir un mecanismo de captación y sometimiento que se prolongó incluso después de su ingreso a prisión.