A eso se suma que las redes sociales nos hablan cada semana de una nueva tendencia en calzado que promete mejorar sustancialmente la vida de nuestros niños.
Quizás por eso la pregunta debería dar un vuelco. En lugar de buscar cuál es el calzado perfecto, habría que preguntarse si ese calzado perfecto existe. Y esa respuesta sí la tenemos: Depende.
El doctor Cristián Ortiz, traumatólogo especialista en pie y tobillo de la Clínica Universidad de los Andes, lo explica. No existe un calzado estándar que responda a las necesidades de todos los niños, porque el calzado no es neutro y cada etapa del desarrollo del pie exige una respuesta distinta. De esa premisa nace la Ergonomía Evolutiva de Colloky Etapas.
Esa misma premisa también cambia la forma de plantear otra discusión muy frecuente en redes sociales: no se trata de elegir entre zapatos o pie descalzo. En ambientes controlados y seguros, estar descalzo puede ser una experiencia adecuada, porque permite al niño sentir directamente el contacto con la superficie y mover el pie con libertad. Pero esa no es la totalidad de la vida de un niño. Cuando sale a la calle, va al colegio, juega en superficies duras o irregulares, enfrenta cambios de temperatura o se expone a fricción y superficies resbaladizas, aparece otra necesidad: protección y seguridad.
Esa combinación entre libertad y protección es la que Colloky Etapas busca resolver en su diseño. Pero, ¿es realmente ergonómico? El doctor Ortiz destaca cinco atributos que propone entender como un sistema y no como características sueltas:
- Espacio interior amplio: los dedos necesitan posicionarse y moverse sin quedar comprimidos ni montarse entre sí.
- Flexibilidad controlada: la flexión debe ocurrir en la zona metatarsal, donde el pie se dobla naturalmente al caminar, y no en todo el zapato. Flexible no es doblarse entero.
- Estructura en el talón: aporta estabilidad al retropié sin inmovilizar el pie.
- Construcción liviana y suela con tracción: evita sumar peso a un sistema musculoesquelético en desarrollo y reduce el riesgo de deslizamiento.
- Confort, transpirabilidad y cuidado de la piel: los materiales y la plantilla, antibacteriana en este caso, ayudan a manejar la humedad y cuidar la piel.

Vistos en conjunto, esos cinco elementos permiten responder la pregunta inicial. Según el doctor Ortiz, Colloky Etapas puede considerarse un calzado ergonómico porque su diseño busca respetar la anatomía y el movimiento natural del pie infantil, considerando además que ese pie cambia durante el crecimiento.
Queda una última duda, de las que más circulan en redes: la Ergonomía Evolutiva no debe entenderse como una idea contraria a otras tendencias, como por ejemplo el barefoot.
El doctor Ortiz es explícito en ese punto:
"El barefoot es una corriente de la ergonomía que imita el andar descalzo. Esa propuesta puede ser apropiada en ambientes controlados y seguros. La Ergonomía Evolutiva, en cambio, contiene los principios de la ergonomía, respetando la anatomía y movimiento natural del pie, pero parte de una pregunta diferente: ¿qué necesita el pie del niño en esta etapa de su desarrollo y en esta ocasión de uso? Por eso combina libertad de movimiento con los niveles de estabilidad y protección que puedan ser necesarios".

Esa discusión, por lo demás, seguirá alimentándose de evidencia. Actualmente Colloky está impulsando un programa de investigación biomecánica junto a la Clínica Universidad de los Andes, para medir instrumentalmente los parámetros de Etapas frente a otras condiciones de calzado y al pie descalzo. Los resultados se comunicarán cuando estén disponibles.

Mientras tanto, la recomendación del especialista para los padres que se sienten perdidos es mirar más allá de una sola característica, de una tendencia o incluso de la edad de sus hijos. Hay que considerar la etapa, la actividad y el entorno. No existe un calzado perfecto y universal, sino la necesidad de elegir el adecuado para cada momento. Y ante dudas sobre el desarrollo del pie, consultar siempre al pediatra o a un especialista en pie y tobillo.