Click acá para ir directamente al contenido
Análisis de 10 comunas

Más de 17 mil personas habitarían en franjas próximas a quebradas de la RM

Fotos: Agencia Uno. Fotos: Agencia Uno.

Los expertos aseguran que las quebradas no deben analizarse en forma aislada, puesto que los territorios pueden tener más de un riesgo asociado, como por ejemplo la Falla de San Ramón, cuya activación podría provocar terremotos.

Paz Fernández.

Miércoles 14 de octubre de 2026

Después del intenso aluvión del jueves pasado en San Carlos de Apoquindo, surgen distintos análisis de lo sucedido en Las Condes y las preocupaciones se trasladan a otras áreas precordilleranas.

Se estudian eventuales eventos catastróficos y sus posibles y diversas consecuencias en distintas zonas de la región, considerando que todas las comunas tienen diferentes terrenos y calidades de construcción. 

De hecho, el pasado 13 de octubre la Dirección Regional del Senapred declaró Alerta Roja Regional por evento meteorológico para toda la Metropolitana. En pocas horas la región estaba sumida en una tormenta de gran impacto. 

En este contexto, el geógrafo de “Riesgo 0” Simón Inzunza estimó en aproximadamente 17.810 personas y 6.029 viviendas dentro de franjas próximas a quebradas en diez comunas precordilleranas de la RM.

El ejercicio ofrece una primera aproximación a la cantidad de habitantes que viven en estos entornos, pero requiere complementarse con estudios específicos de cada cauce.

Habitantes expuestos por comuna 

Las comunas de La Florida, Lo Barnechea y Puente Alto concentran las mayores estimaciones de población que podrían resultar afectadas. Estas cifras reflejan el volumen estimado de residentes dentro de las franjas analizadas, pero precisamente no constituyen una clasificación según su nivel de riesgo. 

El análisis calcula la presencia de población y viviendas próximas a quebradas y entrega un insumo inicial para orientar evaluaciones más detalladas. Pero para determinar la exposición efectiva se requiere estudiar otras dimensiones como la topografía, los posibles desbordes, el transporte de sedimentos y las condiciones de las obras existentes.

* Para realizar la estimación, en “Riesgo O” trazaron franjas de 40 metros a cada lado de los ejes cartografiados de las quebradas y se cruzaron con las manzanas censales. Luego, se calculó qué proporción de la superficie de cada manzana quedaba dentro de esas franjas y se aplicó ese porcentaje a su población y número de viviendas. Totales calculados a partir de los resultados comunales redondeados. 

¿Dónde construimos?

En cuanto a la normativa, según Nikole Guerrero -geógrafa de “Riesgo 0”- la regulación de estos territorios opera a distintas escalas. La Ley General de Urbanismo y Construcciones y su Ordenanza, que fijan el marco nacional; el Plan Regulador Metropolitano de Santiago que establece restricciones a nivel metropolitano; y los planes reguladores comunales que incorporan y precisan mediante estudios fundados el nivel de riesgo.

“Declarar un área de riesgo, sea a escala metropolitana o comunal, no prohíbe automáticamente construir. Pueden autorizarse proyectos que cumplan la normativa y cuenten con un estudio fundado aprobado, siempre que las medidas de mitigación que estén contempladas se ejecuten antes de la recepción de las obras”, dice. 

Aún así, Guerrero advierte un problema en la planificación del riesgo: “la Ordenanza no define qué organismo debe revisar los estudios fundados para cada tipo de amenaza, un vacío que incluso ha requerido aclaraciones de la Contraloría. En la práctica, las direcciones de obras municipales verifican los requisitos formales y aprueban los estudios, pero no disponen de los recursos y el personal especializado necesarios para evaluar su suficiencia técnica”, afirma.

Para Guerrero, en algunos casos justificados, incluso debería prohibirse construir en zonas expuestas. 

“Por eso, una gestión integral del riesgo en el país exige responsabilidades claras y coordinación entre quienes planifican, evalúan los riesgos y autorizan las edificaciones”, enfatiza. 

Riesgo en conjunto

Con todo, los riesgos de remoción de masas no están aislados. En medio de los cambios de clima -cada vez más frecuentes- la necesidad de fortalecer el monitoreo meteorológico, de los cauces, las obras de control y la actualización de los estudios de riesgo que sustentan la planificación urbana, pasan a ser prioridad. 

De acuerdo con Cristian Cortez, ingeniero estructural de "Riesgo 0", en “el piedemonte de Santiago no podemos analizar cada amenaza por separado. Muchas viviendas se encuentran en sectores cercanos a quebradas, pero también debemos considerar la presencia de la falla de San Ramón. Además, durante su vida útil, una vivienda puede enfrentar distintos fenómenos, y los efectos de uno pueden modificar su vulnerabilidad frente a otro. Por ejemplo, actualmente estamos investigando cómo la exposición a inundaciones puede afectar el comportamiento sísmico de las viviendas de madera”.

Las quebradas más expuestas

En la Región Metropolitana se identifican unas 16 quebradas que pueden provocar emergencias en caso de remoción de tierra. 

  • Comuna de Lo Barnechea: Quebrada Huallalolén y Quebrada El Arrayán. 
  • Comuna de Las Condes: Quebrada Honda y Quebrada Apoquindo (San Carlos). 
  • Comuna de La Reina: Quebrada San Ramón y Quebrada Valenzuela. 
  • Comuna de Peñalolén: Quebrada Nido de Águila, Quebrada Las Perdices y Quebrada Lo Hermida. 
  • Comuna de La Florida: Quebrada de Lo Cañas, Quebrada de Macul y Quebrada San Jerónimo. 
  • Comuna de Puente Alto: Quebrada El Volcán. 
  • Comuna San José de Maipo: Quebrada El Manzano. 
  • Comuna Colina: Quebrada Estero Chacabuco y Quebrada Quilapilún. 


Sin embargo, el geógrafo y académico de la Universidad de Chile Pablo Sarricolea, mencionó a Informe Especial cinco quebradas con alto riesgo de activación y que están ubicadas a piedemonte; tal como en San Carlos de Apoquindo. 

“Principalmente las quebradas que son más susceptibles a estos eventos aluvionales debieran tener piscinas de decantación como la Quebrada de Macul. Y más o menos hay cinco quebradas claves en el piedemonte de Santiago: Quebrada Honda (Las Condes), Quebrada Aguas de Ramón (La Reina), Quebrada Las Perdices (de la Quebrada de Macul, en Peñalolén y La Florida), Lo Planella (Puente Alto) y Las Vizcachas (Puente Alto)”, detalló. 

“Esas son las quebradas que, si uno mira -por ejemplo- los puntos críticos de Senapred, están marcadas como zonas donde pueden presentarse aluviones. Entonces, eso debería priorizarse” en el desarrollo de infraestructura que ayude a disminuir el riesgo para la ciudad. 

Agregó que los municipios ya están invirtiendo en los puntos críticos, pero que el próximo año seguramente habrá más zonas complejas, incluso se pueden duplicar.