La rebaja de condena a 56 sentenciados por delitos sexuales por vía administrativa remeció el debate público en las últimas semanas. Reacciones desde todos los sectores políticos salieron a manifestarse sobre la decisión del Ministerio de Justicia de firmar estos decretos.
La noticia dejó de manifiesto un rechazo casi absoluto de la sociedad a este tipo de delitos, pero también trajo de nuevo al centro de la polémica una debilidad estructural en la protección de niños, niñas y adolescentes.
¿Es posible que las víctimas estén nuevamente en peligro? ¿Cuáles pueden ser las consecuencias reales de una decisión así? ¿Hay peligro de reincidencia?
Falta de empatía y sin elementos depresivos
El doctor en psicología y director de la Unidad de Psicología Forense de la Universidad Diego Portales, Francisco Maffioletti, lleva décadas investigando las conductas de los victimarios sexuales.
“Lo más llamativo que hemos encontrado es una ausencia. En estos sujetos no hemos encontrado elementos depresivos; y junto con ellos -que está muy vinculado- tampoco hemos encontrado aspectos vinculados a la consideración del otro y a un desarrollo normal y esperable de la empatía”, afirmó a Informe Especial.
Agrega que es muy difícil que un delincuente sexual reconozca el delito. “Ellos saben y conocen que hicieron los hechos y los niegan, o exteriorizan la responsabilidad en la propia víctima”, como por ejemplo que esta iba vestida de manera provocativa, o “ella me dijo que sí al principio”; y lo que se llama las distorsiones cognitivas; es decir, cuando una mujer dice que no, supuestamente es porque en realidad quiere que se le insista.
Aún así el experto es enfático en que no hay un sólo perfil de abusador sexual. “Hay delincuentes sexuales que son personas neuróticas, hay con trastornos de personalidad, antisociales, limítrofes, y también en algunos casos, algunos psicóticos, por tanto, el espectro de sanidad mental de estos sujetos va a variar”.
Por lo tanto, las perspectivas de tratamiento y mejora también dependerán del caso.
También advierte que no cualquiera comete este tipo de delitos, puesto que la mayoría de las personas tiene “barreras psíquicas”; por ejemplo, para no matar. “No es necesario que usted le insista en que no mate. Usted naturalmente va a sentir una cierta repulsión”.
Con esas características de comportamiento, la reincidencia se vuelve una posibilidad altamente posible.
“La probabilidad de que no reincidan, uff, eso es un riesgo, y la verdad que se entiende muy difícilmente la decisión que han tomado de disminuir las condenas”.
Explica que la reincidencia es un concepto complejo, pero en psicología hay una máxima: el mayor predictor de una conducta futura es la conducta pasada del sujeto.
Las oscuras cifras
La Fiscalía Nacional reportó que en 2025 hubo 39.663 víctimas menores de edad ingresadas por delitos sexuales; es decir 108 niños, niñas y adolescentes agredidos cada día.
Pero además, el doctor Francisco Maffioletti sostiene que la cifra oscura alrededor de este tipo de violencia se multiplicaría por hasta ocho veces si es que todos los afectados denunciaran.
En 2019 se logró que los delitos sexuales fuesen imprescriptibles. Hasta ese momento solo los delitos de lesa humanidad, de genocidio, ostentaban esa calidad.
“Se elevó extraordinariamente la capacidad de perseguir estos delitos, porque además las víctimas denunciaban 10, 15 o 20 años después. Pero algo tiene que indicar que el grado de disvalor social que tienen estas conductas para los ciudadanos son altísimas, ni hablar para las víctimas”, señala el psicólogo.
Con todo, el doctor sostiene que las consecuencias son demoledoras. Estamos hablando del trastorno de estrés postraumático conocido, “que determina no solamente una afectación vinculada al hecho, sino que le estropea toda la vida al sujeto que ha vivido estos delitos”.