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Ciudad y Transporte

La erosión costera podría costarle caro a Chile: hasta 57 mil millones de pesos chilenos al año

Un nuevo estudio advierte que la erosión y los cierres de playas podrían costar hasta 57 mil millones de pesos chilenos anuales al turismo de Chile central hacia 2100.

Erosión costera.

Vicente Barraza

TVN

Jueves 11 de junio de 2026

Las playas son mucho más que destinos de vacaciones. Son fuente de empleo, impulsan economías locales y forman parte de la identidad de cientos de comunidades costeras. Sin embargo, el cambio climático amenaza con transformar radicalmente estos espacios. Un nuevo estudio del Instituto Milenio en Socio-Ecología Costera (SECOS) advirtió que la erosión y los cierres temporales de playas podrían generar pérdidas de bienestar turístico de hasta 57 mil millones de pesos chilenos anuales hacia 2100 en la zona central del país.

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La investigación, publicada en la revista científica Annals of Tourism Research, cuantificó por primera vez el valor económico que los turistas nacionales asignan a las playas y estimó cuánto podría costarle al país no actuar frente al avance de las marejadas y la pérdida de arena.

El cambio climático también golpea al turismo

Chile posee más de 6.400 kilómetros de costa y el turismo representa cerca del 3,5% del Producto Interno Bruto (PIB), además de generar alrededor de 620.000 empleos formales. En ese contexto, la degradación del borde costero deja de ser únicamente un problema ambiental para transformarse en un desafío económico y social. El estudio fue desarrollado por investigadores del Instituto Milenio SECOS, la Universidad del Desarrollo (UDD), la Pontificia Universidad Católica de Chile y la Universidad Católica de Temuco.

A través del análisis de las decisiones de viaje de turistas provenientes de la Región Metropolitana que visitaron los principales balnearios del centro del país, el equipo estimó el valor que las personas otorgan a atributos específicos de las playas, como su amplitud, la presencia de dunas o el acceso a estos espacios recreativos.

Cuando una playa se pierde, también se pierde bienestar

Para Felipe Vásquez, investigador de SECOS y académico de la Facultad de Economía y Negocios de la UDD, el principal aporte del estudio es evidenciar que los impactos costeros tienen consecuencias económicas reales. "Cuando una playa se erosiona o se cierra, no sólo perdemos paisaje o biodiversidad, sino también bienestar humano. Muchas veces estos daños quedan invisibilizados porque no tienen un mercado bien definido, pero eso no significa que no tengan valor económico", explica.

El investigador sostiene que incorporar estas cifras permite cambiar la manera en que se entiende la protección costera. "La protección deja de verse como un gasto ambiental y pasa a entenderse como una inversión en bienestar económico y social", afirma.

¿Cuánto vale un metro de playa?

Uno de los hallazgos más llamativos del estudio es que los turistas sí están dispuestos a pagar por conservar la calidad de estos espacios. "Los datos muestran que las personas no valoran la playa como un bien abstracto. Valoran atributos específicos que les permiten disfrutarla", señala Vásquez. La investigación también reveló una alta valoración por las dunas costeras. Los turistas estarían dispuestos a pagar 28 mil pesos chilenos por viaje para conservar estos ecosistemas.

Lejos de ser simples montículos de arena, las dunas cumplen un rol fundamental en la protección costera. Actúan como barreras naturales frente a marejadas, retienen sedimentos y albergan biodiversidad. "En Chile muchas veces las dunas han sido vistas como terrenos disponibles para urbanización o infraestructura. El estudio muestra lo contrario: conservarlas genera bienestar para las personas y puede fortalecer el atractivo turístico de los destinos", explica Roberto Ponce, investigador SECOS y académico de la UDD.

El alto costo de cerrar una playa

El estudio también calculó cuánto pierde el bienestar turístico cuando un balneario debe cerrar temporalmente por condiciones climáticas adversas. Los resultados son contundentes:

  • En la Región de Coquimbo, un día de cierre representa pérdidas de $374,79 millones de pesos chilenos.
  • En Valparaíso, la cifra alcanza los $352,24 millones de pesos chilenos.
  • En O'Higgins, las pérdidas ascienden a $289,07 millones de pesos chilenos.

Actualmente, la zona central registra alrededor de 70 cierres de playas al año asociados a marejadas y eventos extremos. "Si la frecuencia de estos eventos se duplica hacia 2100, como proyectan los modelos climáticos, las pérdidas podrían escalar significativamente", advierte Stefan Gelcich, director del Instituto Milenio SECOS y académico de la Pontificia Universidad Católica de Chile.

De acuerdo con los autores, las pérdidas anuales de bienestar turístico podrían alcanzar los $57 mil millones de pesos chilenos, una cifra conservadora que no considera efectos indirectos como la disminución del valor de las propiedades o el deterioro urbano.

Adaptarse sin destruir el paisaje

Otro resultado relevante es que los visitantes reaccionan negativamente frente a intervenciones de ingeniería dura, como muros de hormigón, enrocados o sistemas de drenaje altamente visibles. Para Roberto Ponce, el desafío consiste en encontrar soluciones que compatibilicen protección y atractivo turístico. "Las ciudades necesitan adaptarse, pero no cualquier adaptación es valorada por las personas. Las intervenciones deben diseñarse cuidadosamente, con bajo impacto visual y participación de las comunidades", sostiene.

Una inversión para el futuro

Los investigadores concluyen que las playas deben ser entendidas como una infraestructura natural estratégica para el país. Cuidarlas no sólo implica conservar ecosistemas, sino también proteger empleos, fortalecer economías locales y preparar a Chile frente a una crisis climática que ya comienza a sentirse en el borde costero.

"La adaptación debe anticiparse. No se puede esperar a que las playas pierdan ancho o se cierren con mayor frecuencia para recién actuar", concluye Ponce. "Se requieren planes de adaptación costera basados en evidencia científica, con indicadores de riesgo y criterios claros para decidir cuándo restaurar, limitar usos o relocalizar infraestructura".