Un equipo internacional de científicos logró registrar el instante en que un embrión humano se implanta en un tejido que imita el revestimiento uterino. El trabajo, publicado en la revista Science Advances, muestra cómo el embrión no sólo libera enzimas para abrir espacio, sino que además aplica fuerza mecánica para incrustarse en su “nuevo hogar”.
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El avance fue posible gracias a una réplica del endometrio humano creada con colágeno y proteínas esenciales para el desarrollo embrionario, lo que permitió observar un proceso hasta ahora inaccesible, ya que ocurre en el interior del cuerpo materno.
“Es un proceso fundamental para la reproducción humana, pero al mismo tiempo muy difícil de estudiar”, explicó Samuel Ojosnegros, bioingeniero del Instituto de Bioingeniería de Cataluña (IBEC).
Cómo lograron capturar el proceso
Los investigadores colocaron embriones donados por un hospital sobre el tejido artificial y tomaron imágenes cada 20 minutos durante 16 a 24 horas. Luego ensamblaron las capturas en un video en stop-motion que reveló cómo el embrión se enterraba rápidamente en el gel. Amélie Godeau, coautora del estudio e investigadora del IBEC, se sorprendió al ver la rapidez del proceso:
“Pensé que mi experimento había fallado y que el microscopio se había movido. Pero no, el embrión realmente estaba cavando dentro del tejido”.
El equipo comparó el resultado con embriones de ratón, que sólo se adhieren a la superficie uterina sin penetrar en profundidad.
Implicancias para la ciencia y la fertilidad
Hasta ahora se sabía que el embrión humano libera enzimas para degradar el endometrio, pero este trabajo muestra que también tira y remodela físicamente el tejido para asegurar la implantación. Ripla Arora, bióloga uterina de la Universidad Estatal de Míchigan, valoró el hallazgo según recopila la revista Nature:
“Es la primera vez que se documentan con tanto detalle las mecánicas de la implantación. El próximo paso será entender cómo responde el útero en este proceso”.
Los investigadores esperan que estos estudios ayuden a comprender por qué algunos embriones saludables no logran implantarse, lo que podría mejorar tratamientos de fertilidad y el éxito de técnicas como la fecundación in vitro.